Por Bimala dasi
Originalmente presenté este documento a los líderes en las reuniones norteamericanas del GBC en 1996 en Alachua. En este momento me siento muy optimista, porque al revisarlo para la presentación de hoy, he tenido que tachar muchos de mis comentarios escépticos puesto que estamos haciendo progresos. Este fin de semana también estoy viendo un cambio en nuestro lenguaje.
Inicialmente, la palabra «líderes» se refería a un pequeño grupo de élite de hombres que, aunque no lideraban en el verdadero sentido de la palabra, habían asumido el título. Ahora veo que con la palabra «líder» me refiero a cada uno de nosotros aquí en esta sala (y en todo el movimiento Hare Krishna). Cada uno de nosotros, hombres y mujeres, somos llamados a asumir el papel y las responsabilidades que la palabra conlleva.
Me uní al movimiento Hare Krishna en 1971 con mi marido, con el que llevaba cuatro años. Habíamos ido juntos a la universidad, donde me licencié en inglés y psicología. Nos elegimos el uno al otro. Éramos religiosos y sentíamos que Dios nos había unido. Tras unirnos al movimiento Hare Krishna, nos enseñaron que tu esposa no puede ser tu amiga.
Hoy no les hablo representándome a mí misma, sino como una voz que representa a un número creciente de mujeres en todo el movimiento Hare Krishna. Esta es la primera Conferencia Anual de Mujeres de ISKCON. Cuando digo mujeres, me refiero a nuestras hijas, nuestras mujeres solteras, nuestras esposas y nuestras madres. Es decir, a nuestras hermanas espirituales. Pero debido a las tremendas dificultades que las responsabilidades de la vida grihastha imponen, y debido a nuestro énfasis en la renuncia durante los últimos 25 años, también hay una categoría creciente que es una anomalía en las literaturas védicas: la madre soltera, la mujer cuyo marido está ausente.
A las mujeres aquí presentes, les traigo este documento como un medio de unificación.
Hay una gran diferencia entre la vida de las mujeres casadas y las madres solteras. Hay un viejo dicho de los indios norteamericanos que dice que “No se puede entender completamente a una persona hasta que se ha caminado una milla en sus mocasines”.
Siento que muchos de ustedes quizás nunca tengan la oportunidad de experimentar la vida de estas mujeres, así que quiero compartirles una carta que he escrito. Se dirige a muchas mujeres, sus hermanas espirituales y las mías, de todo el movimiento Hare Krishna, con las que conecto a diario. Siento que esta carta es un puente, pues nos permitirá entendernos mejor y cuidarnos mutuamente.
Debo advertirles que hay emoción en esta carta. Sé que eso puede asustar a algunos de ustedes. Pero, recuerden, esto no es histeria. Esto no es ni exageración ni distorsión. Se trata de la verdad. Yo la vivo, y muchas, muchas de mis amigas la viven. Esta es mi carta.
Mi querida hermana espiritual:
Me cuentas que tu marido se ha ido y te has quedado sola. Ha renunciado a ti y a sus hijos.
Ahora es libre para avanzar espiritualmente. Está dando clases y siendo adulado por sus compañeros. Es un gran devoto. Se sienta en la asana a los pies de Srila Prabhupada, y los jóvenes brahmacharis discretos le traen agua y le ponen guirnaldas. Él junta las palmas de las manos y habla de nuestra filosofía.
Está haciendo un gran servicio. Otros devotos le piden consejo. Él se absorbe en los libros de Srila Prabhupada. Puede citar todos los versos sánscritos. Viaja por todo el mundo, en peregrinación, en misiones de prédica. Es un gran devoto. Las mujeres lo miran y te miran a ti, y dicen: «Oh, eres tan afortunada. Él es tan avanzado. Es tan consciente de Krishna. Eres tan afortunada».
¿Y quién eres tú?
No eres nadie. Tienes sus hijos: uno, dos o tres. Eres la tigresa, tus hijos son pequeños chacales. Eres insumisa, menos inteligente, nueve veces más lujuriosa, y lo único que quieres es controlar a los hombres.
[Por supuesto, nunca sabrán los nombres que te llamó, porque cuando salen de tu boca, las palabras son obscenas y feas y hieren sensibilidades cuando se escuchan en voz alta. No sabrán dónde estaban los moratones, ni cuántas veces te fuiste y volviste, ni cuántas lágrimas lloraste. O tal vez, no se enterarán de las otras mujeres].
¿Y cuál es tu realidad hoy? Tus pequeños chacales tienen hambre. Necesitan comer. Necesitan ropa y quieren juguetes. Tienen que educarse. No puedes permitirte pagar un gurukula. No quieres llevarlos a una escuela pública. Eres muy afortunada, recibes ayuda social. Necesitas trabajar, pero si encuentras un trabajo, ¿quién cuidará de tus hijos? Perderías todos tus beneficios médicos y tus cupones de alimentos.
Consigues un trabajo. Sales para trabajar y haces de padre. En la noche regresas a casa y haces de madre. Cocinas la cena, ayudas con las tareas de la escuela, pones ropa a lavar, intentas limpiar el piso, corres a la tienda porque no hay leche, rezas para que no corten la electricidad, bañas a los niños, los llevas a la cama, te preguntas si los has escuchado, te preguntas en qué clase de madre te estás convirtiendo, te preguntas por qué todo lo que haces es preocuparte por el dinero, te preguntas a dónde fue a parar tu vida espiritual, te preguntas si alguna vez podrás levantarte por la mañana porque estás tan cansada que quieres morir, y sí, volvieron a cortar el teléfono, pero tal vez tus padres te dejen usar su tarjeta de crédito una vez más.
Y en tu corazón recuerdas cómo era la vida antes. Eras joven, nueva e ilusionada. Cosías para las Deidades (sedas y pedrería, plumas y encajes), pulías la plata y el bronce, cocinabas para los devotos, hacías las ofrendas. Distribuiste los libros de Srila Prabhupada en aeropuertos, centros comerciales y estacionamientos en toda América. Bailaste sin parar en kirtans extáticos ante las formas radiantes de Sri Sri Radha-Krishna, el Señor Jagannatha y Gaura-Nitai. Les rezaste fervientemente para obtener devoción, para obtener servicio.
Ahora te despiertas sola en medio de la noche y te preocupas de que los cupones de alimentos no duren el mes, de que a los niños se les quede pequeña la ropa tan rápido, de que no puedas pagar las facturas, de que no quieres acabar en un albergue… no otra vez. Le rezas a Srila Prabhupada y te sientes muy caída.
Te escribo esto porque soy tu hermana espiritual y me rompe el corazón ver tu situación. Por favor, no dejes el movimiento Hare Krishna. No te alejes. No te desanimes.
Hay muy pocos hijos e hijas de Srila Prabhupada. Te necesitamos. Necesitamos tu fuerza, tu resiliencia, tu increíble determinación en contra de adversidades abrumadoras. Necesitamos tu ejemplo del amor incondicional que das a tus hijos. Necesitamos tu compasión. Necesitamos tu delicadeza y tu humor, tu dulzura y tu cariño. ISKCON te necesita.
Caigo a tus pies y ruego por su polvo. Anhelo el polvo de tus pies, los mismos pies que te llevan a tu trabajo y con los que caminas por los pasillos de las tiendas mientras sientas a tu pequeño niño en tu regazo y le muestras fotos de Krishna.
Es posible que las personas que no han recibido iniciación espiritual lean esto y se sientan indignadas, sientan que estoy siendo melodramática, que he exagerado, que estoy hablando con dureza. Pero tú sabes a qué me refiero. Tú sabes que hablo de ti y, créeme, no tienes ni idea de cuántas ha habido y hay actualmente. Y sabes que lo que estoy diciendo es exactamente cierto.
Le imploro a Srila Prabhupada, a Srimati Radharani, y a ustedes, los líderes del movimiento Hare Krishna.
Oro a los líderes del movimiento Hare Krishna que por favor consideren esta carta. En los tiempos védicos, un hombre que elegía la renuncia dejaba a su esposa e hijos bajo el cuidado de la aldea. Ella vivía con la familia de él, o podía vivir con sus propios padres o parientes, si era necesario. Él no dejaba a su familia a merced de las migajas de las ayudas sociales para sobrevivir diariamente, para ser calificados como parásitos sociales del gobierno.
Con la nueva reforma de la asistencia social, en cuestión de dos años o menos, todas estas mujeres dejarán de tener derecho a recibirla. Tengan por seguro que en un futuro próximo veremos a mujeres y niños viviendo en la calle, y muchos de ellos serán los nuestros. Las soluciones a esta crisis inminente (si no para la mayoría de ustedes, ciertamente para ellos) son difíciles. Ojalá pudiera pararme aquí y dar soluciones. Lo que me gustaría creer, sin embargo, es que los líderes masculinos se ocuparan al menos de los maridos y padres implicados. Me gustaría saber que, al sentarse en la asana, les preguntaran: «¿Dónde está tu esposa? ¿Dónde están tus hijos? ¿Quién se ocupa de ellos? ¿Tienen hambre?»
Y con relación a las mujeres, bueno… considérenlas amablemente como vaishnavas. Trátenlas con un poco de respeto, con un poco de dignidad, con un poco de amabilidad. Escúchenlas.
Así que esa es mi petición. Algunos de ustedes se conmoverán. Algunos de ustedes, (y cito a un hombre del GBC), lo verán como «basura sentimental».
Los que estudian el comportamiento de los animales han observado que, ante el peligro, las vacas forman un círculo y dejan a las más débiles y a las crías dentro, y se posicionan con los cuernos hacia fuera. De este modo, los terneros y las vacas mayores están protegidos. El Ministerio de la Mujer se ha creado para formar ese círculo. Se ha establecido para cuidar a las mujeres, para ofrecerles una voz en el movimiento Hare Krishna, una voz de preocupación, equilibrio y compasión para el crecimiento y el bienestar de todas las personas devotas, y para el crecimiento del movimiento Hare Krishna.
De alguna forma u otra hemos conectado con la filosofía más elevada y sublime, la Verdad Absoluta. Y hemos sido afortunados de recibir iniciación espiritual dentro de la Gaudiya sampradaya. ¡Qué cerca estamos de la meta! Tenemos mucho que hacer por Srila Prabhupada y somos muy pocos. Y hay muchas mujeres desanimadas.
La realidad es que, comparado con la eternidad que llevamos aquí, esta vida no es más que un destello (un breve momento, unos pocos segundos). Y si vemos nuestra existencia como una línea recta con pasado y futuro, veremos que nuestros nacimientos humanos han sido de hombre, de mujer, de hombre, de mujer, de hombre, de mujer, antes, antes… y después también. Si somos tan afortunados, si estamos tan cerca del final de todo, ¿no deberíamos animarnos unos a otros? Quisiera preguntarles a todos los que estamos aquí: ¿cuántos de ustedes piensan que al final de esta vida regresarán con Krishna, de regreso al mundo espiritual? Veamos cuántos levantan la mano.
Está bien.
Ahora bien, para la mayoría de ustedes que piensan que es posible regresar al mundo material: ¿están de acuerdo en que seguramente nacerán en el movimiento Hare Krishna? Además, ¿no hay una buena posibilidad de que muchos de ustedes, los hombres, nazcan como mujeres? Es un escenario bastante realista. Así pues, lo que propongo es que, si este es el caso, ustedes hombres deberían empezar a preocuparse de que las mujeres sean bien atendidas. Y en realidad estarán preparando su propio futuro.
Por más que hablemos de la protección de las mujeres, se trata de un tema vago e inquietante. Pero como mínimo, esa protección debería garantizar el derecho a realizar las prácticas devocionales de la mejor manera posible, tal como lo hicimos cuando Srila Prabhupada estaba físicamente presente.
Así pues, amablemente les pido que trabajemos juntos; o que trabajemos juntos afectuosamente para cumplir la misión de Srila Prabhupada. Estoy tratando de enseñar a mis hijos de esta manera. No cuesta nada estimular a los demás. Pero es muy poderoso y puede llegar muy lejos. Así que cooperemos unos con otros, animémonos unos a otros, y hagamos el trabajo que hay que hacer: cada uno con su mejor capacidad.
Gracias por su atención y su preocupación.

Replica a Primera conferencia anual del Ministerio de la Mujer: “Vaishnavis en ISKCON” – Sadhvi sanga Cancelar la respuesta