Por Pranada devi dasi
Me han pedido que hable sobre mi experiencia de traer a primer plano el trato a las mujeres en ISKCON. Quería considerar los retos a los que se han enfrentado las mujeres, a los que nos enfrentamos actualmente y una visión del mañana. Por lo tanto, me gustaría analizar el ayer, el hoy y el mañana.
Como sociedad, por fin hemos llegado a comprender y aceptar los abusos que han sufrido nuestros hijos en el sistema gurukula. No creo que hayamos comprendido aún los abusos físicos que han sufrido las mujeres. Tampoco quiero insistir en esto. Pero cabe destacar que hay una asombrosa cantidad de abusos físicos que las mujeres han sufrido en ISKCON: desde instalaciones inferiores para vivir, a la falta de igualdad en las instalaciones de prasadam, al abuso físico de los esposos, líderes de grupos de mujeres, y otros. No es menos significativo que el abuso que han enfrentado nuestros hijos.
Y tal vez lo más significativo sean los abusos psicológicos. En esta conferencia se ha mencionado casualmente como el desempoderamiento de las mujeres en el movimiento Hare Krishna. Es importante comprender el significado del daño que se ha hecho, pero es imposible de transmitir en unos breves minutos.
En un pasado no muy lejano, el clima era tan intolerable que en las clases diarias de Bhagavatam se proclamaba la posición de la mujer como un elemento peligroso que había que tener en cuenta en nuestra sociedad. Y nos enfrentábamos a ellas instituyendo leyes tácitas que les prohibían determinados servicios, reduciendo al mínimo su participación en los programas de los templos y permitiendo que el statu quo social creara profundos complejos de inferioridad y miedo. La mayoría de las mujeres se avergonzaban de ser mujeres, y sabían que no eran bienvenidas en ISKCON. Incluso hoy en día a la mayoría de las mujeres les resulta difícil acercarse a participar porque el clima ha sido muy antimujer durante mucho tiempo.
Mi propia experiencia con el statu quo en ISKCON puede indicar la profundidad del problema. La atmósfera que se creó debido a pensamientos y percepciones negativas sobre las mujeres hizo imposible cuestionar las leyes tácitas o inválidas en público.
Empecé a lidiar con los problemas de las mujeres en ISKCON a principios de los 80 y busqué comprender lo que Prabhupada quería para las mujeres en el movimiento Hare Krishna. Para mí era evidente mí que el statu quo no era administrado por Srila Prabhupada. Traté de reunir información, pero incluso en conversaciones privadas, mis hermanas espirituales tenían miedo de lo que podría pasarles si se las asociaba con esos diálogos. De hecho, cuando llegó el momento de presentar datos de abusos físicos y psicológicos, de los cambios realizados en los programas del templo sin la petición de Prabhupada, y de cómo las mujeres estaban cada vez más angustiadas por las prohibiciones de ISKCON contra ellas, ninguno de mis hermanos espirituales se puso de pie conmigo para hablar.
La preocupación de mis hermanas y hermanos espirituales por hablar no era infundada ni injustificada. Aunque poco a poco me fui dando a conocer como alguien que cuestionaba las cosas, finalmente, en 1984, puse mis preocupaciones por escrito. Esa carta se envió a todos los miembros del GBC y se publicó en el «Vaishnava Journal». Esa carta también selló mi destino, ya que me quedé sola entre mis hermanos espirituales, como una oveja negra de mi familia. Me dijeron que era un demonio que destruía el movimiento de Prabhupada, y recibí la etiqueta más controvertida: Pranada es una liberadora de mujeres. Las etiquetas son solo etiquetas, pero tienen la capacidad de rebajar a los seres humanos y crear rechazo social. Cualquiera de nosotros que haya entregado el corazón al movimiento de Srila Prabhupada teme el rechazo social, y trabajar dentro del movimiento Hare Krishna es nuestra vida y nuestra alma. Por lo tanto, ser etiquetada no era un asunto ligero. ¿Y cuál fue mi gran pecado para recibir tal rechazo? Sugerí que las mujeres dieran clases de Bhagavatam y que Srila Prabhupada las autorizó a hacerlo.
A pesar de que el rechazo social era difícil me prometí a mí misma trabajar por el cambio. Aunque fuera la única que dijera algo durante una clase de Bhagavatam donde el orador omitiera una presentación equilibrada, yo diría algo. Si estaba en un grupo y alguien se refería mal a las mujeres, diría lo que pensaba. Utilizaría cualquier método de comunicación disponible para mantener vivo un diálogo de concienciación.
Al fin y al cabo, el diálogo y la comunicación pueden traer cualquier cambio. Mi convicción personal era que, si Krishna lo deseaba, habría un cambio. Aunque no conocía el deseo de Krishna, yo tenía una creencia permanente de que el deseo de Krishna no era ver a Sus queridas devotas –quienes han hecho tanto para construir ISKCON y tienen tanto que ofrecer– lastimadas en ISKCON.
Hoy
Después de un largo y arduo recorrido, las vaishnavis hoy se encuentran en esta conferencia. No creo que debamos dejar de entender el significado de nuestra unión para promover esta meta de relaciones saludables en ISKCON. Esta conferencia es un evento importante en la historia de ISKCON donde las mujeres se están uniendo para tomar una posición. Abusos, físicos o psicológicos, ya no serán tolerados. El ayer fue hace poco tiempo. Era un tiempo en el que mencionar incluso dos o tres de los cientos de pensamientos que hemos compartido hoy en esta conferencia era tan herético que nos preocupaba que nuestra vida espiritual se quebrantara por completo. No, en realidad no es poca cosa que la oleada de reconocimiento y preocupación haya evolucionado hasta el punto de crear un Ministerio de la Mujer nacional e internacional, y de provocar pequeños cambios en todo el mundo en los servicios de las mujeres.
Estar aquí hoy me da gran alegría y esperanza para el mañana.
Pero hoy sigo preocupada. Me preocupa que ningún líder de Los Ángeles esté aquí. Las mujeres a su cargo han dedicado meses de su vida a organizar esta conferencia. Sería bueno que los líderes entendieran los deseos y esperanzas de las personas que están bajo su cuidado. Estamos tan solo a 15 minutos del templo. Ojalá pudieran estar aquí.
Me preocupa que no podamos permitir que un alma exaltada como Visakha Prabhu dé una clase de Bhagavatam.
Me preocupa que haya hombres en Alachua que no hagan algo que Nanda Prabhu les pide porque no están convencidos de que sea servicio devocional.
Me preocupa que los países que se están abriendo en Europa estén cometiendo los mismos errores que nosotros. Los hombres abandonan a sus familias por una vida de renuncia o por la distribución de libros, hay maltrato conyugal y las cuestiones sociales se resienten de otras maneras.
Me preocupa que hace poco en Vrindavan se diera permiso a una chica del gurukula para dirigir los bhajanas en el templo, pero luego un brahmachari se lo impidió y ella se marchó llorando.
Acabo de pasar los dos últimos meses con Sesa y Madhumati. Tienen dos niñas pequeñas, Vraja y Pranaya. Las dos son muy entrañables. Vraja es muy tímida, pero Pranaya, desde que tenía dos o tres años, llama a la gente a la sala del templo y se sienta a dar clase de Bhagavatam y a dirigir kirtans.
Mañana
Tengo una gran esperanza en el mañana. Quiero ver que todas las Pranayas del mundo, dondequiera que estén –África, Sudamérica, India, Europa, Estados Unidos, Canadá– que todas mis hermanas espirituales, y las jóvenes entusiastas como Shakuntala y Krishna Devata, tengan facilidad para usar plenamente su mente, su cuerpo y sus palabras en el servicio de Krishna sin miedo ni inseguridad, sin padecer actitudes degradantes o abusos. Quiero verlas plenamente empoderadas en el servicio de Krishna.
Antes de morir, quiero ver que todos los servicios estén disponibles para las mujeres hasta el punto de que su energía equilibradora como cuidadoras y criadoras pueda dar sentido a los desastrosos males sociales que nuestra gestión ha creado hasta la fecha.
Espero ver el día en que, alrededor del mundo, mujeres inteligentes vean a la familia de ISKCON como una alternativa atractiva a las pseudo-religiones y a la vida material.
Así como ayer tenía plena confianza en que vería un cambio a pesar de que todo parecía sombrío e imposible, hoy tengo plena confianza en que mañana seguiremos viendo mejoras. Pero sé que solo puede hacerse con ustedes.
Si comparten esta esperanza, y pueden ver esta visión, entonces unámonos a través del Ministerio de la Mujer de ISKCON para asegurarnos de tener este mañana.
Cada uno de nosotros individualmente debe hacer el mismo compromiso que yo me hice ayer. Cualquiera que sea el costo de nuestro estatus social personal, no permanezcamos en silencio ni en una sola clase negativa del Bhagavatam, ni en una sola conversación negativa. Utilicemos todos los métodos de comunicación para elevar la conciencia. No toleremos más los abusos psicológicos o el desempoderamiento dentro del movimiento Hare Krishna.
Unámonos para apoyar al Ministerio de la Mujer de manera financiera y dedicándole tiempo para permitir la formulación de políticas de ISKCON para las mujeres, para comunicarnos entre nosotras a través de boletines, y tener más conferencias a nivel nacional e internacional.
Gran parte del problema de ayer sucedió porque no éramos un frente unido. Cerciorémonos de un mañana mejor uniéndonos hoy. Superemos cualquier duda en hacer eso por Pranaya, por Shakuntala, por Krishna Devata, por todas las vaishnavis de Krishna.

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