Por Sita devi dasi
A medida que se intensificaba el debate sobre el rol de la mujer en ISKCON, la revista Back to Godhead, en la edición del mes de enero de 1991, publicó cinco artículos sobre el tema. Este es el segundo artículo en la lista:
Srila Prabhupada incluyó amorosamente a discípulas mujeres en el abrazo familiar de su movimiento Hare Krishna. Nos involucró y alentó en diferentes tipos de servicio, y nos hizo sentir queridas y útiles. Éramos devotas que ayudaban en su esfuerzo por presentar a Krishna al mundo.
Pero a lo largo del camino, sucedió algo que cambió la percepción sobre nosotras en ISKCON. Creo que sucedió entre los años 1975 y 1976, cuando nuestros líderes estaban tratando de aliviar a Srila Prabhupada de sus cargas administrativas y de ayudarlo a que se concentrara en la traducción del Srimad-Bhagavatam.
ISKCON empezó a asumir nuevas reglas, las reglas de las que habla Pranada Prabhu. Algunas reglas eran pautas imperecederas para la vida del ashrama. Otras, diría yo, eran formas inmaduras de los veinteañeros occidentales para manejar sus nuevos intentos de celibato.
Tal vez como a los neófitos les resulta difícil distinguir sus nuevas realizaciones espirituales de sus antiguas actitudes materiales, a algunos hombres les resultó fácil justificar lo que nosotras, las mujeres, nos referíamos bromeando como el “síndrome del swami malo”.
Y, nosotras, las mujeres, éramos emocional y espiritualmente inmaduras. No comprendíamos completamente nuestros roles, por lo que a menudo aceptamos modelos de comportamiento que no eran los que Srila Prabhupada había establecido.
Los aspirantes espirituales suelen caer en la trampa de considerarse avanzados prematuramente. Fue así como las personas devotas de ISKCON institucionalizamos patrones de comportamiento que hasta cierto punto hicieron que nuestras relaciones familiares fueran disfuncionales.
En mi opinión, lo que necesitamos ahora son oportunidades para que los discípulos de Srila Prabhupada, hombres y mujeres, se reúnan y hablen formalmente de estos temas, y que así se puedan abrir canales de diálogo y comunicación.
Ahora, más sabios, espero, tanto por la edad como por la madurez espiritual, podemos volver sobre nuestros pasos, reconocer los errores que hemos cometido en el camino y arreglar las cosas.
De esa manera, con nuestro ejemplo podremos mostrar a los integrantes más jóvenes la idea original de Srila Prabhupada: la de una casa en la que puede vivir todo el mundo.
Así como Srila Prabhupada avivó nuestras infinitesimales chispas de entusiasmo devocional, nosotros también debemos aprender a apreciar el servicio que los demás ofrecen a Srila Prabhupada, sin importar lo inadecuado que pueda ser ese servicio.
A medida que nuestra comunidad se desarrolla, debemos asegurarnos de que esta proteja a las mujeres de un grave abandono social, impida que los hombres abandonen a sus esposas e hijos, y brinde el apoyo que mujeres, niños y niñas necesitan. Debemos proporcionar asesoría a los matrimonios para que continúen unidos, y asegurarnos de que las personas que toman votos en la vida de sannyasa o de matrimonio se lo tomen muy en serio, asegurándonos de que nunca dejarán desprotegidas a sus esposas.
Creo que hablo en nombre de muchas mujeres que se sienten inclinadas a aceptar el papel de ser protegidas por los hombres, a quienes a su vez nos inclinamos a servir. No quiero usurpar las funciones administrativas que los hombres tienen en nuestro movimiento Hare Krishna. Solo estoy buscando una definición más clara de mi papel dentro de ISKCON.

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